La obesidad

La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por un aumento de la masa grasa y por ello un incremento de peso.

No confundamos peso excesivo con obesidad, ya que, por ejemplo:

– Un culturista tiene un peso elevado pero a expensas de la masa muscular.

 – La insuficiencia cardiaca puede producir una retención de agua y también ser la causa de un aumento de peso y lo mismo puede ocurrir con la insuficiencia hepática y renal.

Desde un punto de vista antropométrico, que es el que se utiliza habitualmente, se considera obesa a una persona con un Índice de Masa Corporal (IMC) igual o superior a 30 kg/m2.

Y también es importante el % graso corporal:

– Se define como sujetos obesos aquellos que presentan porcentajes por encima del 25% en hombres y el 33% en las mujeres.

 – Los valores comprendidos entre 21% y 25% en hombres y entre 31% y 33% en mujeres se consideran límites. 

– Los valores normales son del orden del 12 al 20% en varones y del 20 al 30% en las mujeres.

La clasificación de la obesidad se puede realizar de tres modos:

  1. El basado en la clasificación etiológica: Obesidad esencial, las obesidades de origen endocrinológico, de origen hipotalámico, de origen genético, las ocasionadas por fármacos. 
  2. El que se lleva a cabo según el IMC. 
  3. El que se establece en función de la disposición topográfica de la acumulación de grasa. 

En este artículo me voy a basar en el IMC y en la disposición topográfica.

Clasificación según EL ÍNDICE DE MASA CORPORAL (IMC) O ÍNDICE DE QUETELET:

Esta clasificación se basa en el establecimiento de un índice que relaciona el peso (expresado en kg) con la altura (expresada en m) y elevada al cuadrado. 

IMC = peso (kg) / altura (m2)

Valores límites del IMC

IMC < 18,5 Peso insuficiente 
18,5-24,9 Normopeso 
25-26,9 Sobrepeso grado I 
27-29,9 Sobrepeso grado II (preobesidad) 
30-34,9 Obesidad de tipo I 
35-39,9 Obesidad de tipo II 
40-49,9 Obesidad de tipo III (mórbida) 
> 50 Obesidad de tipo IV (extrema)

El sobrepeso hasta valores de IMC = 27 pueden considerarse normales siempre y cuando no se asocien a algún factor de riesgo y la distribución de la grasa sea de tipo ginoide (grasa acumulada en la parte inferior del cuerpo). 

A partir de un valor de 40, la obesidad se denomina mórbida.

Clasificación por la DISPOSICIÓN TOPOGRÁFICA DE LA ACUMULACIÓN DE GRASA:

La distribución de la acumulación de grasa puede ser:

Superior, obesidad central o androide. Este tipo es más propio de los varones, la grasa se acumula sobre todo en la cara, región cervical, tronco y región supraumbilical, y también aumenta de modo notable la grasa abdominal profunda (obesidad visceral). Este tipo de acumulación grasa es el que está ligado a las complicaciones metabólicas y cardiocirculatorias vinculadas a la resistencia insulínica y que da lugar al síndrome plurimetabólico (diabetes mellitus, dislipoproteinemia, hipertensión arterial).

– Inferior, obesidad periférica o ginoide. Esta es más propia de las mujeres, la grasa se acumula en la parte inferior del cuerpo: región infraumbilical del abdomen, caderas, región glútea y muslos. Se relaciona más con problemas venosos.

Existe una visión simplista de la obesidad que se basa en que para que se produzca acumulación adiposa, debe existir un desequilibrio con exceso de la ingesta calórica con relación al requerimiento energético individual (metabolismo basal, actividad física y termogénesis). Esto no es tan sencillo, en el ser humano existe un mecanismo muy complejo de regulación que ajusta las variaciones de la ingesta y del gasto energético, de modo que la cantidad de grasa corporal, y por tanto el peso del organismo, se mantenga dentro de unos márgenes estrechos de variabilidad. En una parte importante de la población estos mecanismos de ajuste fracasan y se produce la acumulación adiposa.

Se puede afirmar que la causa de la obesidad está vinculada a uno de los dos factores siguientes: 

1. Un fracaso del sistema de ajuste del peso corporal, cuando los mecanismos de control no pueden hacer frente a la sobrecarga energética. 

2. Un defecto de ajuste del adipostato. Es muy probable que este defecto produzca la mayor parte de las obesidades, especialmente las graves.

Cada persona es un mundo y siempre deben valorarse los factores genéticos y los socioculturales que inciden en los hábitos de vida (alimentación y actividad física). El componente genético es muy importante, mayoritariamente en los casos de obesidad mórbida, pero los hábitos de vida, teóricamente modificables, también juegan un papel decisivo en la puesta en marcha y en el mantenimiento de la obesidad.

La obesidad es una enfermedad que predispone a padecer otros procesos;

  • SISTEMA CARDIOVASCULAR: La insuficiencia venosa, trombosis venosa, hipertensión arterial (HTA), cardiopatía isquémica, accidentes vasculares cerebrales.
  • ENFERMEDADES METABÓLICAS: Diabetes tipo 2, dislipemias, hiperuricemia.
  • ENFERMEDADES ARTICULARES: El exceso de peso acelera los procesos degenerativos como la artrosis, sobre todo en columna, rodilla (sobre todo en el compartimiento femorotibial interno), cadera y tobillo.
  • ENFERMEDADES DIGESTIVAS: Esteatosis hepática, Hernia de hiato y Litiasis biliar.
  • ENFERMEDADES RESPIRATORIAS: El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS). 
  • TUMORES MALIGNOS: La obesidad aumenta el riesgo de cáncer de colon, recto y próstata en hombres, y en las mujeres, de cérvix, ovarios, endometrio, vesícula biliar y mama.

El tratamiento ideal de la obesidad es la prevención, pero una vez instaurada la enfermedad, la dieta hipocalórica es el primer paso que se ha de realizar en cualquier caso de obesidad o sobrepeso, mejorando los hábitos alimentarios e incrementando la actividad física. El objetivo fundamental es disminuir la masa grasa y mejorar los hábitos de vida en definitiva aumentar la calidad de vida.

Los cambios de hábitos de alimentación y el aumento de la actividad física requieren un aprendizaje y período de adaptación que necesita tiempo y se necesita motivación en la pérdida de peso.

Para instaurar una pauta dietética correcta se debe adaptar la dieta a  variables como peso, edad, sexo, enfermedades asociadas, trabajo, vida social y laboral, gustos y horarios, clima y actividad física. Y tener en cuenta el gasto energético total (GET) de nuestro organismo.

El gasto energético total depende de nuestro metabolismo basal, del efecto térmico de los alimentos y de la actividad física, tanto voluntaria como involuntaria.

Efectos positivos de la actividad física:

– Aumenta la esperanza de vida. 
– Disminuye el riesgo cardiovascular. 
– Favorece la pérdida de peso.
– Ayuda a mantener el peso perdido. 
– Reduce el colesterol total a expensas de cLDL y eleva el cHDL. 
– Mejora el metabolismo hidrocarbonado.
– Favorece el mantenimiento de la densidad ósea.
– Colabora en el descenso de la presión arterial. 
– Mejora el estado anímico: aumenta la autoestima, disminuye la ansiedad y la depresión.
–  Aumento del gasto energético total
– Mejora el estado anímico: aumenta la autoestima, disminuye la ansiedad y la depresión.

Se deben acumular por lo menos 30 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada la mayor parte de los días, y si es posible, todos los días.  Se obtiene mayor beneficio si se incorpora ejercicio físico algo más intenso algunos días de la semana. Por actividad física aeróbica de intensidad moderada se entiende cualquier ejercicio (caminar, correr, nadar, hacer aeróbic, etc.) realizado a una intensidad que haga trabajar el corazón entre 55-69% de nuestra frecuencia cardiaca máxima. 

Es importante combinar días de ejercicio aeróbico con días de trabajo de fuerza; ejercicios de fuerza que muevan una carga equivalente al 60% de nuestra fuerza máxima en ese ejercicio, que nos permita hacer un mínimo de 12 a 16 repeticiones.

Se debe disfrutar del ejercicio.

En la actualidad, la mayoría de los especialistas están de acuerdo en recomendar dietas no muy estrictas; se aconseja disminuir unas 500-600 kcal al día de la ingesta total previa, manteniendo equilibrio en la proporción de los nutrientes:

55% de la energía la han de  aportar los glúcidos, en su mayoría complejos. Como mínimo de 100 g/día para evitar cetosis. Esto significa que hay que aumentar el consumo de pan, verduras, hortalizas, arroz, pasta, patatas y legumbres

Las proteínas deben aportar aproximadamente un 15% del total de la energía. Se ha de intentar que las cantidades de proteínas se sitúen alrededor de 0,8 g/kg/día de peso teórico.

– El 30% restante lo han de aportar los lípidos, siguiendo una proporción en la que menos del 10% se corresponda a saturados, más del 10% a monoinsaturados y el resto poliinsaturados. 

En cuanto a vitaminas y minerales se deben respetar las necesidades recomendadas diarias; si esto no es posible, se han de administrar suplementos multivitamínicos.

La cantidad diaria de agua ingerida debería ser como mínimo de 1,5 litros, cantidad que varía en función del ejercicio, la temperatura ambiente y la ingesta de sal.

Y la cantidad recomendada de fibra es de 30 g al día.

Otros tratamientos:

Farmacológicos (Orlistat, Liraglutida, Naltrexona…) y quirúrgicos, cirugía bariátrica…  Todos ellos sí o sí deben estar supervisados por un médico.

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